"Ciencia compartida", artÃculo de Gonzalo Nieto Feliner.
Comprendo que el tema Ciencia (I+D+I) y Sociedad puede resultar disuasorio, por lo manido, y también que insistir en para qué sirve la Ciencia puede sonar hasta pedante. Perdonen si lo ven asÃ. Pero a comienzos de julio, el presidente del CSIC se veÃa obligado a lanzar un SOS para intentar salvar de la asfixia económica al mayor organismo público de investigaciºÚÁϲ»´òìÈ n –y por cierto uno de los pocos organismos públicos vertebradores del Estado en la España de las AutonomÃas, junto a la Guardia Civil. Contra toda lógica –al menos, la lógica del mundo occidental— y a tenor de los acontecimientos, parece que no sobra recordar el papel que juega la Ciencia y la InnovaciºÚÁϲ»´òìÈ n en nuestra Sociedad. Lisa y llanamente, la consecuencia de la Ciencia para un paÃs es el progreso. La tendencia a progresar es tal vez la proyecciºÚÁϲ»´òìÈ n colectiva de la insatisfacciºÚÁϲ»´òìÈ n humana, un rasgo de evidente utilidad para adaptarse y sobrevivir en un mundo cambiante, y que siempre ha llevado a nuestra especie a ir más allá, a lo largo de un proceso de búsqueda y generaciºÚÁϲ»´òìÈ n de conocimiento que no tiene fin. Por eso la Ciencia no es una profesiºÚÁϲ»´òìÈ n, sino una aproximaciºÚÁϲ»´òìÈ n a la realidad que nos permite entender el mundo de forma más directa que cualquier otra aproximaciºÚÁϲ»´òìÈ n. Asà concebida, la Ciencia debe ser accesible a todos los ciudadanos. DecÃa Lévi-Strauss que el cientÃfico no es tanto el que proporciona respuestas correctas como el que formula preguntas correctas. ¿Qué mejor herramienta para progresar podemos ofrecer a una sociedad? En definitiva, la Ciencia es un derecho porque, junto con la educaciºÚÁϲ»´òìÈ n, es la vÃa al progreso. Sin ciencia no hay futuro dice el famoso lema.
Consciente o inconsciente de ese derecho, un sector grande y creciente de la ciudadanÃa demanda conocimiento cientÃfico, especialmente pero no únicamente concentrado en el campo de la salud. Por distintas causas, esta demanda no siempre se sacia con fuentes oficiales sino que busca complementarlo con otras respuestas que se encuentran fácilmente en internet. Aunque todo el mundo es libre de creer en fuentes y remedios alternativos, hablamos de un campo muy amplio, incontrolable y –en el caso de la salud, peligroso— que en ocasiones solapa con la pseudo-ciencia; una sociedad con poca Ciencia aboca a un abuso de ese tipo de fuentes. Una sociedad avanzada debe enseñar a navegar por esos mundos, cuando menos para que el ciudadano sea consciente de si su búsqueda discurre por terrenos en los que no hay más legitimaciºÚÁϲ»´òìÈ n que la fe o la convicciºÚÁϲ»´òìÈ n personal. De hecho, para la comunidad cientÃfica no es nada nuevo preguntarse por las fronteras de la Ciencia. Las propuestas de Karl Popper a mediados del siglo XX para demarcar la Ciencia frente a otras disciplinas de aproximaciºÚÁϲ»´òìÈ n a la realidad han marcado a generaciones de cientÃficos, y son muestra de una inquietud que siempre ha estado presente en la comunidad cientÃfica. ¿Por qué? Porque es vital que las reglas de adquisiciºÚÁϲ»´òìÈ n de conocimiento sean suficientemente estrictas como para que el cuerpo de doctrina que se va cimentando entre todos sea útil para construir y avanzar sobre él. Además, los datos aislados aunque sean serios, representativos y fiables no son, en sÃ, Ciencia; decÃa el biólogo Sydney Brenner en su discurso de recepciºÚÁϲ»´òìÈ n del premio Nobel que el gran reto actual de la investigaciºÚÁϲ»´òìÈ n biológica no es generar más datos sino convertir los mares de datos que ya tenemos en conocimiento. Y esta es la tarea de la comunidad cientÃfica. Para satisfacer la demanda de conocimiento de los ciudadanos y para que la sociedad valore más la Ciencia habrÃa que dar pasos en varias direcciones, que pueden resumirse en una Ciencia compartida, más permeable a la Sociedad, y con unos cientÃficos más abiertos y comunicativos. Los cientÃficos no solo debemos hacer nuestro trabajo bien, sino que se nos debe exigir que abramos a la Sociedad nuestras cápsulas herméticas de conocimiento cientÃfico y tecnológico. Estas, que en los precursores pre-cientÃficos, alquimistas, astrólogos, pretendÃan esconder ignorancia, hoy solo responden a un ensimismamiento y una dedicaciºÚÁϲ»´òìÈ n exclusiva a una investigaciºÚÁϲ»´òìÈ n determinada, siempre muy especÃfica. Pero una ciencia compartida, y por ello defendida como derecho común, nos obliga a ampliar los canales de comunicaciºÚÁϲ»´òìÈ n en esa direcciºÚÁϲ»´òìÈ n. Conocer cómo perciben los ciudadanos la Ciencia hace que esta sea más interactiva mejorando la comunicaciºÚÁϲ»´òìÈ n para influir más en sus vidas. Jane Lubchenco, reciente ganadora del premio fronteras del conocimiento BBVA de ecologÃa y biologÃa de la conservaciºÚÁϲ»´òìÈ n, es un ejemplo ilustrativo. De ecóloga marina de gran prestigio cientÃfico pasó a ser elegida por Obama para un puesto de alta gestiºÚÁϲ»´òìÈ n: directora de la poderosa NOAA (AdministraciºÚÁϲ»´òìÈ n Nacional para los Océanos y la Atmósfera). Hace poco contaba en una amena charla en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid sus tácticas para moverse por Washington entre la clase polÃtica y para que los polÃticos entendieran y tomaran en consideraciºÚÁϲ»´òìÈ n la informaciºÚÁϲ»´òìÈ n cientÃfica antes de tomar decisiones. Toda su estrategia se basaba en ampliar y mejorar la comunicaciºÚÁϲ»´òìÈ n.Porque, querámoslo o no, en esta búsqueda de una ciencia compartida la percepciºÚÁϲ»´òìÈ n de esta y de los cientÃficos por parte de los ciudadanos es vital. Se percibe mejor lo que es nuevo o no formaba parte de la experiencia previa, porque la innovaciºÚÁϲ»´òìÈ n está en la esencia de la I+D y porque los cambios entrañan promesas. Si hay nuevas terapias o tecnologÃas útiles puede que pensemos de forma positiva en la Ciencia. Si no, tal vez no nos acordemos tanto de la Ciencia que subyace, pero es bueno recordarlo de vez en cuando para valorar su aportaciºÚÁϲ»´òìÈ n a la Sociedad. La comprensiºÚÁϲ»´òìÈ n de los mensajes cientÃficos es un escollo. Pero siempre hay una forma más fácil de explicar una observaciºÚÁϲ»´òìÈ n, resultado o teorÃa cientÃficos, como de hecho se ha venido haciendo en nuestro paÃs en la última década, gracias al trabajo de profesionales de la divulgaciºÚÁϲ»´òìÈ n y la comunicaciºÚÁϲ»´òìÈ n y a algún cientÃfico concienciado y voluntarioso.
Una forma inteligente de aprovechar la inquietud de muchas personas que no son cientÃficos de profesiºÚÁϲ»´òìÈ n es la llamada Ciencia Ciudadana (Citizen Science, Crowd Science) que consiste en externalizar una parte de las actividades de la investigaciºÚÁϲ»´òìÈ n cientÃfica a aficionados interesados. Estos pueden ser proveedores de datos, por ejemplo, en estudios ambientales y de cambio global, proporcionando observaciones sobre especies invasoras, ritmos estacionales de la floraciºÚÁϲ»´òìÈ n en las plantas (fenologÃa), etc. También pueden ofrecer tiempo de computaciºÚÁϲ»´òìÈ n de sus equipos informáticos para grandes proyectos o, los más entusiastas y preparados, participar más activamente en los proyectos. All for Science, Science for all es uno de los lemas que manejan ().
Y volviendo a nuestro paÃs, aún a riesgo de sonar demagógico, no se me ocurre mejor antÃdoto para contrarrestar nuestras deficiencias ‘culturales’ (llámese envidia; escasa estima de la meritocracia; dificultad para pensar, discutir y trabajar en equipo; fatalismo, sobre todo aplicado a lo colectivo; etc.) que Ciencia –además de educaciºÚÁϲ»´òìÈ n y ética— en dosis generosas. Estas lÃneas no pretenden idealizar la Ciencia y menos la nuestra que, por más que en las últimas dos décadas haya vivido incrementos de calidad, productividad y visibilidad inéditos –y haya formado excelentes generaciones de cientÃficos jóvenes-, sigue adoleciendo de defectos estructurales graves, algunos coincidentes con los de la educaciºÚÁϲ»´òìÈ n. Solo pretenden recordar lo que para muchos es obvio. Aunque manifiestamente mejorable en su estructura de funcionamiento, financiaciºÚÁϲ»´òìÈ n y comunicaciºÚÁϲ»´òìÈ n, la ciencia española está amenazada muy seriamente, dañada ya en su capital humano más joven –con consecuencias que ya están condicionando su futuro— y que el voluntarismo y dedicaciºÚÁϲ»´òìÈ n con el que siempre se han compensado tales carencias no alcanza ya para tanta disfunciºÚÁϲ»´òìÈ n.Por esos cientÃficos jóvenes, por la Sociedad entera, salven al CSIC para que funcione como un vehÃculo eficaz en pro de una sociedad con una Ciencia más compartida y, por tanto, con más futuro. Y ya por pedir…, hagan Vds. un pacto por la EducaciºÚÁϲ»´òìÈ n y por la Ciencia. Las generaciones futuras se lo agradecerán. Y si todo esto les parece muy utópico, lean El Optimista Racional de Matt Ridley. Ayuda en estos tiempos…
Gonzalo Nieto Feliner es profesor de investigaciºÚÁϲ»´òìÈ n del CSIC y director del Real JardÃn Botánico (CSIC).
(¹ó´Ç³Ù´Ç²µ°ù²¹´Úò¹²õ: Imágenes del Real JardÃn Botánico)



